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Full text of "Cotidiano Mujer 1986; año 1, no. 10"

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Montevideo, agosto de 1986 
Aflo I. N® 10 - N$ 60 

■ ' ■ ' jJ-. 


¿Quién se atreve a decir 
que no nos concierne? 



Sumario 

"MADRE DE MUCHOS HIJOS NO PARIDOS POR ELLA" 

Elena Quinteros . 2 

MUJER Y DERECHOS HUMANOS EN AMERICA LATINA . 4y5 

LOS DERECHOS DE LA MUJER 

Fany Puyeski. ^ 

ANTICONCEPTIVOS: LOS METODOS DE BARRERA . 6 


USTEDES ME PIDIERON QUE HABLARA DE MATERNIDAD 
Sara Méndez. 


E n Uruguay, como en tantos 
países, empezamos a hablar 
de los derechos humanos en 
momentos y circunstancias en que 
la vida estaba amenazada. No sólo 
su conservación se puso en juego, 
también su calidad: defenderla de 
la muerte, de la miseria y del miedo 
nos convocó. Como mujeres, tal vez 
la única experiencia con la que con¬ 
tábamos era aquella, secular, que 
nos había marcado como reino el 
de la familia, la responsabilidad de 
la casa y los hijos. Así la amenaza 
de la vida, no exigió de nosotras 
grandes elaboraciones para actuar 
en su defensa. Vencer el miedo, 
romper el aislamiento, crear formas 
nuevas de resistencia marcó el 
accionar de nuestras mujeres. 

Ensayamos recursos que enfren¬ 
taron el riesgo y nuestro propio te¬ 
mor, porque teníamos cosas que 
decir y hacer. Miles de mujeres se 
sintieron madres de todos los perse¬ 
guidos, se indignaron contra la vio¬ 
lencia y de su propia experiencia de 
marginación crecieron como un so¬ 
lo ser en las mil formas pequeñas y 
cotidianas de ejercer la solidaridad 
y defender la vida. 

Muchas veces, en esos años de te¬ 
rror, pensamos y sentimos que ha¬ 
bía surgido una nueva protagonista 
en el acontecer social y político de 
nuestro pais, la mujer, que convo¬ 
cada a enfrentar el dolor, el miedo y 
el terror, comenzaba a aportar su 
capacidad de amor para la cons¬ 
trucción de un mundo diferente. La 
defensa de los derechos humanos 
estuvo en el centro de esta lucha. 

Poco a poco estos derechos se 
sintetizaron en algunas consignas 
que unieron a todo un pueblo que 
las reclamaba. 

C ONQUISTADOS los derechos 
colectivos más imperiosos, se 
volvió difícil avanzar, el dolor 
que hasta entonces era uno y de 
todos, pareció restringirse. 


Nuestros puntos de partida, los 
análisis más sencillos y las exigen¬ 
cias más concretas, parecían esca¬ 
parse de las manos. Polémicas, dis¬ 
cursos, teorías jurídicas y políticas 
se levantaron como muros podero¬ 
sos ante las más simples y humanas 
certezas. Algo ha cambiado. Entre 
nuestra experiencia vital como mu¬ 
jeres. sedimentada en una historia 
nunca escrita pero vivida, y el que¬ 
hacer actual, se ha interpuesto una 
barrera ideolé)gica. 

Una voluntad de convertir los de¬ 
rechos a la paz y a la dignidad hu¬ 
mana en algo superpolitizadoy fue¬ 
ra de nuestro alcance. Una volun¬ 
tad que quiere convertir la lucha 
por los derechos humanos en algo 
ajeno a nuestro presente y a nuestro 
futuro, en un tema del pasado, para 
ser resuelto sin nuestra presencia. 
Mientras tanto hay madres y abue¬ 
las que siguen buscando a sus hijos 
y nietos. ¿Quién se atreve a decir que 
no nos concierne? Sumisas, oprimi¬ 
das y postergadas, las mujeres co¬ 
nocemos de siglos la violencia déla 
sociedad y queremos tomar la pala¬ 
bra para crear una nueva conviven¬ 
cia humana basada en la solidari¬ 
dad. 

El lenguaje de la guerra no nos 
pertenece y tampoco el de las **razo- 
nes de estado’^ que quieren arguirse 
contra los derechos que defendemos. 

Los derechos humanos, la justi¬ 
cia. y esa dimensión tremendamen¬ 
te fuerte de defender la vida de to¬ 
dos y cada uno, sigue estando en el 
centro de nuestra lucha como mu¬ 
jeres. Deberemos pues pronunciar¬ 
nos con la misma fuerza y tan di¬ 
rectamente como ayer. Tenemos 
que recuperar la palabra que des¬ 
cubra el quehacer necesario y lo 
proponga como tarea colectiva. Te¬ 
nemos que recuperar esta lucha a la 
dimensión que realmente tiene. La 
vida, su calidad,* su dignidad, si¬ 
guen estando en juego. 

Colectivo Editorial 















M^jeRí 


muier it mente 


Desaparecidos, 

datos que debemos conocer 

Las desapariciones forzadas 
se practican en América Latina 
desde la década del 60, con par¬ 
ticularidades distintas en cada 
país. 

Normalmente se tiende a pen¬ 
sar que las desapariciones forza¬ 
das ocurren solo bajo regímenes 
dictatoriales: lamentablemente 
observamos que esta práctica no 
es un método exclusivo de ellos y 
que también se practica en paí¬ 
ses con regímenes democráticos. 
Esto nos lleva a distinguir entre 
democracias y "democracias”, y 
a no poner en el mismo saco re¬ 
gímenes como por ejemplo, El 
Salvador y Argentina. 

Haciendo de la palabra demo¬ 
cracia una categoría amplia que 
englobe a los países donde existe 
una cierta vigencia o apariencia 
de estado de derecho, tenemos 
las siguientes situaciones en las 
que se practican las desapari¬ 
ciones forzadas: 

Democracias que han sucedi¬ 
do a regímenes que practicaron 


las desapariciones forzadas, pero 
que no la practican: Argentina, 
Solivia, Uruguay. 

Democracias en las que se 
practican las desapariciones for¬ 
zadas: Colombia, Perú. Vene¬ 
zuela, México. 

"Democracias” (así denomi¬ 
nadas, rindiendo tributo a la fa¬ 
chada) en las que se practican 
las desapariciones forzadas: El 
Salvador. 

Dictaduras en las que se prac¬ 
tican las desapariciones forza¬ 
das: Chile, Paraguay. 

Regímenes que practican las 
desapariciones forzadas en otros 
lugares del mundo: Sud Africa. 

Reseña histórica 

Las desapariciones forzadas 
comienzan a practicarse en Amé¬ 
rica Latina en la década del 60- 
70 en la región de Centro Amé¬ 
rica y el Caribe (Guatemala y 
Haití). Luego se practican en el 
Cono Sur en la década del 70-80, 
en Argentina, Brasil, Chile. Uru¬ 


guay. Finalmente la práctica 
vuelve a aplicarse en la década 
del 80 en países andinos: Perú. 
Ecuador. 

Algunas cifras estimadas 

Total de desaparecidos: 90.000 


personas. 

— Guatemala .... 

... 30.000 

— Argentina. 

... 25.000 

— Haití. 

... 15.000 

— Chile. 

... 2.500 

— Bolivia. 

.... 250 

— El Salvador. 

... 4.000 

— Uruguay . 

200 

(dentro y fuera de fronteras) 

— Brasil . 

500 

— Honduras. 

250 

— Perú . 

,... 3.000 

— Colombia . 

350 


Es difícil estimar el número 
exacto de desapariciones forza¬ 
das. A ello contribuyen: las difi¬ 
cultades para hacer las denun¬ 
cias, la inseguridad (algunos ca¬ 
sos) de saber si son desaparicio¬ 
nes o asesinatos o prisiones inde¬ 
bidas y prolongadas y sobre todo 
las dificultades para probarlas. 

Datos brindados por FEDEFAIM 


Ultimo momento 

Mujeres 
de la 99-FA 

A prepararse para 
el Congreso de Ago£ 
to. Reuniones los - 


viernes, 19:30 hs, | 
Ejido 1480,t:904361 i 
¡Se invita a todas- f 
las compañeras! ; 

C.Mujeres de la 99 

Seminario 
“La mujer 
uruguaya hoy” 

Del 25 al 27 de julio pasado 
tuvo lugar en Montevideo un Se¬ 
minario sobre Mq|er Uru¬ 
guaya, hoy”, organizado por el 
Partido Comunista del Uruguay. 

Se debatió ampliamente sobre 
temas como: ideología y cultura, 
medios de comunicación, orden 
jurídico, salud, sexualidad, etc., 
enfocados desde la óptica de la 
mujer. 


Encuentro 
de periodistas 

Con motivo de conmemorar 
nuestro 1er. año de trabajo, Co¬ 
tidiano Mujer organiza un En¬ 
cuentro sobre Medios de Comu¬ 
nicación,con mujeres periodistas 
de todo el país. 


Elena Quinteros 

“Madre de muchos hijos no paridos por ella 



Elena lunto a sus compañeros en un banco üo la Pta^ L'l>ertad 


ABLAR de mujer-histo¬ 
ria es entrar en un mun- ^ 
do de luces desparejas: ^ 
pocas figuras bien iluminadas y ^ 
una inmensa galería anónima en ^ 
penumbras. La historia reciente p 
en nuestro país destaca protago- ^ 
nismos femeninos, pero al mis- ^ 
mo tiempo, escamotea los datos J 
necesarios para escribir estas ^ 
historias. 

Elena Quinteros es una de es¬ 
tas protagonistas, víctima de 
una doble violencia:de su secues¬ 
tro, como militante del Partido 
por la Victoria del Pueblo en 
1976, y el de todas sus huellas 
materiales, personales. 

Contamos con testimonios vi¬ 
vos de amigos y compañeros que 
se oponen a este olvido forzado. 
"No me dejaron de Elena, ni un 
cuaderno, ni fotos de familia, ni 
un carné de la escuela”, nos dice 
Tota, su madre. 

Elena nació el 9 de setiembre 
de 1945 en un hogar de ideas 
progresistas —su padre estuvo 
preso con Frugoni durante la 
dictadura de Terra—. Vivió su 
niñez en un ambiente protegido, 
optimista, en el que no conoció 
las angustias de la miseria. 

Fue su ingreso al Instituto 
Normal de Magisterio que la pu¬ 
so en contacto con una realidad 
que pinta como ninguna las en¬ 
trañas de una sociedad: el trato 


que reciben los niños que crecen 
en ella. La educación de los ni¬ 
ños uruguayos en aquellos años 
60, estaba "dolorosamente dis¬ 
tante de los postulados varelia- 
nos. En las escuelas se hacía pa¬ 
tente la insuficiencia de la gra- 
tuidad para hacer de aquellos 
niños, orientales tan ilustrados 
como valientes”. (Y.G.>. 

Elena trabajó como maestra 
en la escuela del Hipódromo de 
Pando. Hacía el diario trayecto 
en ómnibus interdepartamental 
primero, a las cinco de la maña¬ 
na, y luego lo completaba en ca¬ 
rro. Conocemos qué importante 
fue para ella el encuentro con 


aquel alumno enfermo de ham¬ 
bre al que hubiera internado de 
urgencia de no mediar la inter¬ 
vención de una maestra más ve¬ 
terana. "No te olvides Elena: sᬠ
bado y domingo estos niños no 
comen”. La novel maestra com¬ 
probó que aquella enfermedad 
se curaba con café con leche y 
pan. Seguramente fue esa expe¬ 
riencia lo bastante importante 
como para no detenerse en la 
ilusión de solucionar la miseria 
infantil, niño por niño. Se com¬ 
prometió con esa realidad sin ti¬ 
tubeos. "Pero cabían más entre¬ 
gas en su corazón solidario y mi¬ 
litante. Formó parte del grupo 
de Misiones Socio Pedagógicas 


Nelly Soler... El primer gobierno 
blanco asestó un golpe a la edu¬ 
cación rural cuando cancela ex¬ 
periencias y despide maestros 
que, como Homero Grillo y Ab- 
ner Preda formaron parte del 
movimiento de educación rural. 
Los maestros se reagrupan y for¬ 
man bajo su propia conducción 
un Instituto Cooperativo (ICER) 
que intenta continuar con apor¬ 
tes didácticos y con la concep¬ 
ción integral de la educación que 
los animaba. Allí conoció Elena 
a Grillo, Prada, Julio Castro y 

maestros que como J. M. Vera 
y Luis Gómez trasmitieron 
su valioso aporte a las nuevas 
generaciones” (Y.G.). 

Elena no rehusó ninguno de 
los pasos que su compromiso so¬ 
cial, con su país y su tiempo, le 
exigió. Militó tempranamente en 
la Federación Anarquista Uru¬ 
guaya. Formó parte de la Resis¬ 
tencia Obrero Estudiantil, esta¬ 
bleciendo una relación de pro¬ 
fundo respeto con los trabaja¬ 
dores. 

¿Por qué se convierte Elena, 
después de su desaparición, en 
un símbolo? 

Decidida a participar plena¬ 
mente en el movimiento por un 
cambio social, Elena rompe de¬ 
finitivamente con su prehistoria 
de pasividad y sumisión. 

Cuando su madre resume la 


Murga Falta y Resto 

relación que la unía a Elena di¬ 
ciendo: "Fui yo quien aprendí 
de mi hija”, nos habla de una 
dialéctica que involucra a mu¬ 
chas mujeres que recorrieron el 
mismo camino de participación. 
Orillando la evolución política 
de sus hijos, siguiendo sus pasos 
con amor vigilante, incorporán¬ 
dose a las tareas a medida que 
su comprensión las descubría. 

Cuando ante la inminencia de 
su detención, logra burlar a sus 
captores y huir, entrando a la 
Embajada de Venezuela, Elena 
nos habla de no resignación, de 
su rebeldía y lucidez puestas al 
servicio de la libertad. Cuando 
ya presa en el Batallón de Infan¬ 
tería N^ 13, torturada y maltre¬ 
cha, los compañeros la ven ha¬ 
ciendo gimnasia, Elena nos ha¬ 
bla de su voluntad de recupera¬ 
ción en un neto canto a la vida. 

Y cuántas de nosotras reivin¬ 
dicamos esas actitudes valientes 
y libertarias como propias de la 
mujer que somos o queremos 
ser! 

En todos estos casos es Elena 
una mujer que traduce a mu¬ 
chas. 

1. T. 

(Y.G.) Yanundú González 
















Los derechos 
de la mujer 


C OMO todo el mundo sa¬ 
be, nuestro país ha sido 
adelantado en materia 
de legislación igualitaria. La 
Constitución de la República es¬ 
tablece la protección de los dere¬ 
chos, deberes y garantías de las 
“personas” y su igualdad ante la 
ley. En 1945 suscribió la Carta 
de las Naciones Unidas en la 
cual se reafirma la dignidad de 
la persona humana y la igualdad 
de derechos entre mujeres y 
hombres. En 1932 había otorga¬ 
do los derechos políticos a las 
mujeres, los que recién ejercie¬ 
ron en 1938. En 1946 se aprobó 
la ley de Derechos Civiles de la 
Mujer, lo que eliminó situacio¬ 
nes discriminatorias, sobre todo 
en el seno de la familia, en mate¬ 
ria de derechos. Desde princi¬ 


pios de siglo existe el divorcio 
para ambos sexos, existiendo 
una causal de “sola voluntad de 
la mujer” que no se corresponde 
a una igual para el sexo masculi¬ 
no, en lo que sería uno de los 
pocos ejemplos de discrimina¬ 
ción contra el hombre que, por 
cierto, ha dado bastante que 
hablar. 

STAS leyes contribuyeron 
a formar al también co¬ 
nocido por las lectoras 
de “Cotidiano” “mito de igual¬ 
dad”. Hechas las leyes, se supo¬ 
nía que por añadidura iban a 
modificar la situación de la 
mujer. 

Además de que subsisten en 
nuestro ordenamiento jurídico 
leyes y decretos discriminatorios 
contra la mujer, el hecho es que 


no se han removido los obstácu¬ 
los de hecho que impiden la 
igualdad efectiva de los derechos 
y su ejercicio igualitario. 

Como dijera el maestro Cou- 
ture: “El derecho no lo es todo 
en las relaciones de carácter fa¬ 
miliar: hay caracteres humanos 
y sociales muy profundos que no 
pueden ser afectados sustancial¬ 
mente por el legislador”. 

Y es justamente ahí donde re¬ 
siden los obstáculos que hacen 
que los derechos de la mujer 
sean reconocidos en el papel 
—lo que no cuesta nada y aún 
queda bien— pero negados en 
los hechos. Se confirma así una 
situación de violación sistemáti¬ 
ca de los derechos humanos al 
trabajo, a la salud, a la disposi¬ 
ción del propio cuerpo (ej. delito 


L a joven madre que ve im¬ 
pedido el derecho al tra¬ 
bajo que la Constitución 
le asigna tanto a ella como a su 
esposo, porque no tiene donde ni 
con quién dejar a su bebé para 
ir a trabajar, tiene derecho a 
preguntarse si realmente es tan 
igual como le han enseñado. 

La mujer que debe enfrentar 
sola una responsabilidad que 
asumió junto a un padre que de¬ 
viene irresponsable y con el cual, 
si no las leyes, las prácticas judi¬ 
ciales son benevolentes, así como 
la costumbre, tiene derecho a 
preguntarse si era cierto que las 
leyes uruguayas protegen a la 
madre y los menores. Le puede 
resultar difícil de creer que se le 
está protegiendo cuando perci¬ 
be por los hijos que ambos traje¬ 
ron responsablemente al mundo 
una pensión miserable,que sig¬ 
nifica a veces el 15 por ciento de 
lo que él declara ganar. Ella, en 
cambio, pone el 100 por ciento. 

Si esta misma mujer-jefa de 
familia(21 por ciento de hogares 
uruguayos sale a trabajar, co¬ 
brando menos que los hombres 
por igual trabajo, lo que tam¬ 
bién las lectoras de Cotidiano 
saben que existe y no me exten¬ 
deré sobre ello, puede pensar si 
la sociedad no le está empujando 
a la pobreza a ella y sus hijos. 

El ama de casa que trabaja 
(en las labores de su sexo) para 
cuatro, cinco, o más personas 
puede pensar exactamente igual: 
trabaja durante toda la vida sin 
percibir salario de ninguna cla¬ 
se, sin horario limitado, sin pago 
de horas extras, sin seguro de 
enfermedad ni accidente, sin in¬ 
demnización por despido, sin 
derecho jubilatorio, sin previsión 
de accidente doméstico (que son 
la mayor parte), ocupándose 
siempre de los demás, sin tiempo 
para ella misma. ¿Quién le ha¬ 
bla a esta mujer de su derecho a 
la salud? ¿Tiene ella tiempo pa¬ 
ra ocuparse de sí misma? ¿Cómo 
evitar que esa mujer considere 
que su situación es similar a la 
de los esclavos? En cambio, tie¬ 


ne que tenerlo para ocuparse de 
la salud de los niños, del marido 
y de los ancianos de la familia 
propia y la política. ¿Puede evi¬ 
tar pensar que su salud vale me¬ 
nos que la de los demás? 


L as mujeres que salen en¬ 
tusiastamente a partici¬ 
par en los sindicatos, en 
la vida comunitaria, en los parti¬ 
dos políticos y que son la mayo¬ 
ría muchas veces las bases de 
los mismos ¿creerán que son tan 
iguales si nunca llegan a los or¬ 
ganismos de dirección donde 
tan sacrificadamente colaboran? 
¿Qué sentirán cuando oyen decir 
que quizás sea todo un problema 
de capacidad! ¿No podrán pen¬ 
sar cuál seria la prueba de capa¬ 
cidad de los hombres si tuvieran 
que hacer todo lo que ellas ha¬ 
cen, además de participar? ¿O 
creerán que la participación po¬ 
lítica está diseñada como un 
espacio para alguien que tiene 
otro alguien —una mujer— para 
que le cubra la retaguardia do¬ 
méstica? 


E NTONCES: de poco sirve 
otorgar derechos si no 
se asume que la mujer 
no puede seguir siendo el como¬ 
dín donde se apoya el Estado, la 
sociedad y la familia. Como bien 
lo dice la Convención sobre Eli¬ 
minación de todas las formas de 
discriminación contra la mujer^ 
1979, Naciones Unidas”, para 
lograr la plena igualdad entre el 
hombre y la mujer es necesario 
modificar el papel tradicional 
tanto del hombre como la mujer 
en la sociedad y la familia”. “El 
papel de la mujer en la procrea¬ 
ción no debe ser causa de discri¬ 
minación sino que la educación 
de los niños exige la responsabi¬ 
lidad compartida entre hombres 
y mujeres y la sociedad en su 
conjunto”. 

La biología no cambia, los 
roles sexuales serán siempre los 
mismos. De lo que se trata es de 
la justicia de modificar los roles 
sociales, acompañando el real 
cambio que han sufrido, de 
modo que no sea siempre la 
mujer la que pierda. 

Fany PuyeskI 



Participación política de la mujer en el Cono Sur 

Encuentros y reflexiones 


T odo encuentro de muje¬ 
res de diferentes países 
constituye sin duda un 
elemento importante para el de¬ 
sarrollo del incipiente movimien¬ 
to de mujeres latinoamericanas e 
impulsa a la organización y ela¬ 
boración de los grupos de mu¬ 
jeres. 

El reciente encuentro realiza¬ 
do en nuestro país sobre “Parti¬ 
cipación política de la mujer en 
el Cono Sur”, reunió a mujeres 
chilenas, paraguayas, brasileñas, 
argentinas, uruguayas. Induda¬ 
blemente lo más rico del inter¬ 
cambio se dio en las charlas in¬ 
formales, en la comunicación de 
experiencias y en los talleres que 
funcionaron el día sábado. En 
cuanto a la forma de organiza¬ 


ción del encuentro daba posibili¬ 
dades para hacer algo diferente. 
Anotamos por ejemplo que so¬ 
bre participación política de la 
mujer en el Cono Sur, tanto de 
Uruguay como de Argentina, 
faltaban algunas protagonistas 
indiscutibles, las madres de de¬ 
saparecidos, las mujeres que 
estuvieron presas con la dictadu¬ 
ra. Una discriminación explica¬ 
ble pero no aceptable. En primer 
lugar porque concebimos la par¬ 
ticipación política de la mujer 
como un aporte al cambio en la 
calidad de la vida y en la políti¬ 
ca. Segundo, porque buscamos 
la irrupción de la mujer en la 
vida política del país a todos los 
niveles, generando un gran mo¬ 
vimiento de mujeres que con¬ 


mueva los pilares sobre los que 
se asienta esta sociedad que nos 
margina y posterga. 

Lamentamos que para la mu¬ 
jer uruguaya en general haya 
significado tan poco y para una 
minoría, las mujeres que leen El 
País, una crónica de sociales que 
nada tiene que ver con los obje¬ 
tivos que nos proponemos las 
mujeres. 

A práctica política y de 
acción social de la mu¬ 
jer, no es sólo un espacio 
para que las mujeres accedan a 
ámbitos hasta ahora prohibidos 
o retaceados, es también y fun¬ 
damentalmente, una experiencia 
diferente que quiere aportar 
cambios en los contenidos ideo¬ 
lógicos de la sociedad. En este 


sentido, ser feminista o ser mu¬ 
jer con concienica de tal*conlleva 
una responsabilidad histórica: la 
de aportar en el proceso de orga¬ 
nización y participación de la 
mujer. 

Las formas de participación 
individual no contribuyen de 
ninguna manera al encauce po¬ 
sitivo de este proceso, más bien 
introducen, aun antes de que sea 
necesario, un protagonismo per¬ 
sonalizado que no hace sentirse 
representada a la mujer común. 

Muchos de los temas encara¬ 
dos en los talleres, están en reali¬ 
dad parcialmente contenidos en 
las conclusiones, pero de todos 
los intercambios y discusiones 
queremos resaltar uno que para 
nosotras es fundamental en la 
práctica entre mujeres: La SO¬ 
LIDARIDAD. Sobre la base de 
este pilar podemos avanzar so¬ 
bre nuestras carencias y dificul¬ 
tades, sobre el predominio de los 
intereses grupales y sobre los 
verdaderos intereses colectivos, y 


avanzar así hacia una unidad 
real sin exclusiones. 

Tal vez estemos necesitando 
debatir los mismos temas a nivel 
nacional y con una amplia con¬ 
vocatoria para que el enriqueci¬ 
miento del intercambio llegue 
también a un amplio espectro de 
mujeres que también quieren 
participar. 


Premio Inca para Pilar González 

El 4 de julio pasado tuvo lu¬ 
gar, en el Subte Municipal, la 
inauguración de la exposición 
del “Centro de Expresión Artís¬ 
tica” que agrupa a alumnos del 
pintor Nelson Ramos. Entre los 
25 pintores que integra¬ 

ban la muestra se encontraba 
nuestra querida amigajColabora- 
dora Pilar González, que el 25 
de este mes recibe en el mismo 
local el Premio Inca con el que 
fue galardonada. 

¡Nuestras felicitaciones. Pilar! 








En America Latina, a partir de realidades diferentes, de dictaduras, de democracias (estas, a veces, 
más formales que reales), depaises con historias de desigualdades sociales e injusticias profundas, de otros 
donde esto no es tan evidente, pero existe, desde todas estas situaciones, las mujeres latinoamericanas 
hemos ido haciendo presente nuestra forma de sentir. Las mujeres sentimos la necesidad de identificarm^s. 
puesto que todavía ni la historia ni la cultura en general nos devuelven nuestra imagen. Es que la mavor 
parte de las veces no damos nuestra visión especifica de las cosas. No la decimos, pero la sentimos. El tema 
de los derechos humanos nos atañe de una forma muy particular. Damos la vida, queremos cuidarla. Y en 
America Latina se violan los derechos a la vida, Aqui, en nuestro país, hombres, mujeres y niños sufrienm 
torturas, cárceles inhumanas y desapariciones forzadas. En América Latina esto sigue sucediendo ahora. 


Mujer y 

La reacción de muchas mujeres fue y es def^ 
sufren estos atropellos. Eue una acción coleciv 
experiencias, junto con la conciencia de nuesi 
rando aquello que queremos y aquello que redi 
Comenzamos asi a gestar nuestro pumo\ 
La defensa de la vida y la de los derechos hun}i 
de mujeres, una parte de la lucha de los derecín 
mos. Ambas son nuestra forma de expresar¿ 
también la forma en que la estamos construye^ 


ChiU 




Mujeres por la vida 


Laura Soto González, miembro 
de la Comisión Nacional de 
Derechos Humanos de Chile, 
nos habla de la dramática 
defensa de los derechos 
humanos, en un Chile donde la 
decisión del pueblo en la lucha 
por la democracia se ha 
expresado en el paro de 48 horas 
convocado por la Asamblea de 
la Civilidad que tuvo como 
respuesta una brutal represión 
de parte del régimen de 
Pinochet. 


—¿Cuál es la situación actual 
de los Derechos Humanos en 
Chile? 

—Es bastante dramática, por¬ 
que hay una mayor represión 
este año que el año pasado: yo 
creo que por esto las organiza¬ 
ciones sociales han comenzado a 


hacer una gran presión por recu¬ 
perar los grandes valores de la 
humanidad, el estado democrᬠ
tico y el imperio del derecho. No¬ 
sotras como Comisión de Dere¬ 
chos Humanos tenemos por lo 
tanto muchísimo trabajo, diaria¬ 
mente estamos en esta lucha y 
nos encontramos con obstáculos 
tan grandes como la obsecuencia 
de los tribunales para con el go¬ 
bierno. Como si esto fuera poco, 
el gobierno ha ido dictando leyes 
cada vez más represivas y dán¬ 
dole mayor competencia a los 
tribunales militares que son co¬ 
mo una especie de prolongación 
de la mano del régimen, porque 
ellos van sancionando todas es¬ 
tas situaciones de violación a los 
instrumentos jurídicos que no 
constituyen en el fondo sino una 
represión a un modo de pensar 
distinto al del gobierno. 

— En esta lucha por los D.H. 
¿cuál ha sido la participación de 
la mi^er? 


—La mujer ha tenido una 
participación muy, muy activa, 
yo te diría que ella fue la 
primera en salir a la calle, preci¬ 
samente por la ausencia del 
compañero, ausencia dramática, 
porque han sido detenidos-desa¬ 
parecidos, o detenidos ejecuta¬ 
dos, o en el exilio o presos, en¬ 
tonces la mujer salió de su ámbi¬ 
to doméstico a la calle, al ámbito 
público, para defender la vida, 
para defender los intereses de su 
familia, o para defender cosas 
que le son tan queridas y pro¬ 
pias, entonces allí adquirió una 
voz muy importante, se fue jun¬ 
tando con otras, su dolor, su ra¬ 
bia, todo, y en la organización 
encontró su fuerza, su coraje y 
han sido las mujeres de los dete¬ 
nidos-desaparecidos, de los eje¬ 
cutados, de los presos políticos y 
de los exiliados las que han ido 
abriendo esta brecha a los Dere¬ 
chos Humanos, y ya están en la 
organización, en la base, del 
pueblo en todos los sitios. 



Las mujciys dv tos presos potílicos se encadenaron en el Ministerio de 
Justicia. Fnerón sacadas a golpes por carabineros 


Vn discurso de la vida... 


P UDIERA parecer paradójico que el feminismo en 
Chile haya resurgido en una situación de quiebre de¬ 
mocrático y de violencia militar autoritaria. Sin 
embarge, no es así: “La totalidad de la reivindicación feminis¬ 
ta es básicamente un discurso de la vida y una praxis de la 
vida. De la vida humana que es la vida elegida y querida como 
tal. Es a partir de la elección de la vida que se quiere Apolíti¬ 
camente’ la paz y no la aniquilación.^ 

Creo que tanto nuestro feminismo como la movilización 
política de las mujeres surgió-resurgió. precisamente, en estos 
años porque alguien tenía que mostrar, con su propia existen¬ 
cia. la paradoja atroz que significa que las instituciones mili¬ 
tares sean las constructoras v cauteladoras del orden social. 
Alguien tenía que afirmar el contrasentido que significa que 
los valores de la vida sean asignados a los cauteladores de la 
muerte. Alguien tenía que desnudar la mentira pervertida que 


contiene el orden militar de dominio. 


Julieta Kirkwood 


Guatemala 

“Estamos levantando la voz” 


L a pesadilla empieza en 
julio de 1954, hace ya 
más de un cuarto de 
siglo; aunque es más exacto 
decir que la pesadilla del pueblo 
pobre de Guatemala sólo tiene, a 
partir de la Conquista, un míni¬ 
mo paréntesis: el que va desde 


1944 a 1954. Desde entonces, la 
represión ha ido en aumento. La 
brutalidad de la campaña de 
contrainsurgencia llegó a su cul¬ 
minación en 1970 y 71; miles de 
obreros y campesinos son “desa¬ 
parecidos”: el asesinato político 
es un hecho cotidiano: se declara 


la guerra psicológica a la po¬ 
blación”. 

Ante esta realidad han surgi¬ 
do distintos caminos para resis¬ 
tir y para buscar su transforma¬ 
ción: en todos ellos la mujer 
guatemalteca ha participado. 

Rigoberta Menchú es una in¬ 


dígena que ha dedicado su vida 
a denunciar la situación de los 
suyos: “Lucho porque se me re¬ 
conozca y se me trate como a un 
ser humano”... “Si les he narra¬ 
do mi vida, si he aprovechado 
esta posibilidad, es porque sé 
que mi pueblo no puede contar 
su historia, pero que no es dife¬ 
rente a la mía. No soy la única 
huérfana; casi todos mis vecinos, 
todos mis amigos y conocidos 
fueron asesinados y dejaron ni¬ 
ños huérfanos”. 

Y su historia es la de una fa¬ 
milia diezmada, su hermano fue 
torturado y asesinado frente a su 
comunidad. Rigoberta cuenta: 
“Poco después, mi madre, deci¬ 
dió recorrer las regiones de Chi- 
maltenango y de Huehuetenan- 
go para ates^Jiguar lo que había 
visto. Decía: Como mujer, tengo 
el deber de hacer conocer mi tes¬ 
timonio para que otras madres 
no sufran como yo, que no pre¬ 
sencien la tortura y el asesinato 
de uno de sus hijos”. Luego su 
madre será torturada y asesina¬ 
da como su padre, quien había 
decidido dedicarse a la defensa 
de su comunidad, los indígenas. 
Rigoberta luego de estos hechos, 
decide irse a la ciudad, aprender 
el español y así denunciar todo 
lo que ella ha visto: “Como 
mujer he tomado la decisión de 
no casarme y no tener hijos. Se¬ 
gún nuestra tradición, es una 


cosa inaceptable: una mujer 
debe tener hijos, y a nosotras nos 
gusta tenerlos: pero yo no podría 
soportar que a uno de mis hijos le 
sucediera lo que le sucedió a mi 
hermano”... “Antes de tener hi¬ 
jos, hay que cambiar la situa¬ 
ción. No se puede imaginar lo 
que es el sufrimiento cuando es 
demasiado fuerte”. 

Alaíde Foppa, escritora, lite¬ 
rata y poetisa, debe exiliarse de 
Guatemala en 1954, cuando la 
invasión norteamericana para 
derrocar al presidente Arbenz de 
este país. 

En México fundará junto con 
otras mujeres la Agrupación In¬ 
ternacional de Mujeres contra la 
Represión en Guatemala y será 
miembro activo del Frente De¬ 
mocrático contra la Represión 
en Guatemala. 

Alaíde se interesa por las 
ideas feministas, en 19'’2 inau¬ 
gura en la radio el programa 
“Foro de la Mujer“ y en 19^ó 
funda la revista “FEM”. prime¬ 
ra publicación feminista en 
América Latina. 

El 19 de diciembre de W80. 
Alaíde va a Guatemala a visitar 
a su madre y será secuestrada 
por agentes del servicio secreto. 
Aún hoy. luego de una intensa 
campaña en defensa de su vida, 
se encuentra desaparecida. 

de \Virc~ diciciulMV 1A^S4 
.‘\lni\puor — N" Año 2 


Ecuador 


Las mujeres 
constructoras de la paz 


P ARECERIA ser que históricamente las mu¬ 
jeres somos esencialmente pacifistas. Noso¬ 
tras albergamos la vida, cuidamos y vemos 
crecer a nuestros hijos, por eso odiamos la guerra 
que destruye la vida, nos oponemos a la violencia 
que amenaza su pleno desarrollo. 

La Paz es una tarea de todos y una tarea dia¬ 
ria, Cuando rompemos el aislamiento y la indife¬ 
rencia y participamos organizadamente estamos 
construyendo la Paz, Cuando defendemos nues¬ 
tros derechos como mujeres y nos rebelamos al 
discrimen y a la opresión, cuando somos solida¬ 
rios construimos la Paz, Cuando nuestros hijos 
ven en nosotras el ejemplo de decisión y la conse¬ 
cuencia entre nuestro pensamiento y nuestra ac¬ 
ción, construimos la Paz, ^ 

Nuestro compromiso y esfuerzos en este año 
mundial de la Paz, nos deben llevar a: 

~ Exigir el respeto de los derechos de la Mujer, 


castigando la violencia y maltratos sobre mu¬ 
jeres y niños, 

— Velar por el cumplimiento de una práctica pe¬ 
nal que sancione efectivamente la violación, 

~ Proponer una legislación que prohíba la utili¬ 
zación de la mujer en los medios de comunica¬ 
ción que denigran su condición humana, 

— A luchar por mejores condiciones de vida y la 
satisfacción de necesidades básicas de alimen¬ 
tación, vivienda, salud, educación, trabajo, y 
medio ambiente saludable, 

— A velar por la vigencia de los Derechos Huma¬ 
nos y la Democracia basada en la justicia y 
respeto a los demás. 

La lucha por la Paz es la lucha por la Demo¬ 
cracia y la igualdad. Queremos un mundo 
fraterno y solidario, tenemos que construirlo, 

“CEPA Mider'\ Marzo WM» 








>ider hi vtda de quienes nos rodean, v de lodos aquellos que 
,a de mujeres, nueva en el Continente. Todas estas vivencias y 
tra discriminación como genero en la sociedad, ha ido acia- 
\iazamos. 

Je vista de mujeres, sobre los problemas de nuestros países 
,nos son un aspecto esencial. La lucha por nuestros derechos 
\osde todos, son elementos básicos de la sociedad que qitere■ 
iu realidad que queremos, a la medida humana, solidaria Y 
ido. 


Cronología de una lucha 
por la vida y 1^ justicia 


Mensaje de Fedefam 


a la Conferencia de Nairobi 


C OMO aclaración previa, 
señalamos lo obvio: en 
América Latina la suer¬ 
te de la mujer está indisoluble¬ 
mente ligada a la suerte general 
de sus pueblos”. 

...‘‘En nuestra Federación la 
mujer está presente en un doble 
papel; el de objeto y el de sujeto 
de nuestro trabajo y de nuestra 
acción. En efecto, en América 
Latina —continente en el que 
han desaparecido más de 90 mil 
personas— hay una enorme can- 
r tidad de mujeres víctimas de la 
d“^ención-desaparición. Las ci- 
A > varían según los países, pero 
promediandc^las mujeres consti¬ 
tuyen el 30% de los casos. En 
América Latina hay, pues, apro¬ 
ximadamente 30 mil mujeres de- 
tenidas-desaparecidas”. 

...‘‘FEDEFAM no es una or¬ 
ganización de mujeres ni por los 
objetivos que persigue ni por su 
composición, pero es un orga¬ 
nismo en que las mujeres, por 
circunstancias de diferente tipo, 
desde económicas a culturales, 

1 han jugado, juegan y jugarán un 
papel esencial. No es exagerado 
expresar que FEDEFAM no 
existiría sin las mujeres. La 
mujer hija, esposa, hermana y, 
sobre todo, la mujer madre, es el 
alma de nuestra militancia. Es la 
en esta década y aún antes, 

I fiA transformado el dolor en 
coraje y, sin más parapeto que 
un distintivo, sea este un pa¬ 
ñuelo o una flor, se lanzó a las 
calles, a las plazas, a luchar por 
la vida y la libertad de aquellos a 
los que se pretende sumir en la 
nada, en el mundo de la especu- 

i Argentina 


lación imaginaria y de las som¬ 
bras, por haber pretendido ejer¬ 
cer sus derechos políticos y so¬ 
ciales”. 

...‘‘Si durante la década 1975- 
1985, los gobiernos latinoameri¬ 
canos hubieran destinado sólo 
una parte del dinero dedicado a 
los gastos militares, a desarrollar 
una infraestructura que contri¬ 
buyera a la efectiva igualdad de 
la mujer, mucho se habría avan¬ 
zado en ese terreno. Pero, la¬ 
mentablemente, lo más igualita¬ 
rio entre el hombre y la mujer, 
ha sido la represión. Ella síjllegó 
por igual. 

Decíamos al comienzo que así 
como la mujer fue víctima de la 
represión, fue también protago¬ 
nista de la defensa de los valores 
de la vida y de la libertad latino¬ 
americana. No queremos ser in¬ 
justos, pero en homenaje a la 
dura lucha de la mujer latino¬ 
americana, en pro de los dere¬ 
chos humanos y de la paz, hon¬ 
ramos a Azucena Villaflor de De 
Vicenti, fundadora y Presidente 
de Madres de Plaza de Mayo, a 
Marianella García Villas, Presi¬ 
dente de la Comisión de Dere¬ 
chos Humanos de El Salvador y 
María Rosario Godoy de Cue¬ 
vas, Secretaria General del Gru¬ 
po de Apoyo Mutuo (GAM), ase¬ 
sinada junto a su pequeño hijo y 
su hermano, hace apenas 60 
días, en Guatemala. Son márti¬ 
res por la defensa de la libertad, 
de la vida y la justicia, condicio¬ 
nes inequívocas de la paz. En 
ellas rendimos tributo a las miles 
de mujeres caídas en la causa de 
la liberación latinoamericana”. 


Por la libertad 
de mida Nava 


C ONVERSAMOS con ísa* 
bel Miranda, de la Co¬ 
misión de Derechos Hu¬ 
manos de “Lugar de Mujer”, de 
Buenos Aires. 

~Me decías Isabel que en 
este grupo que se denomina fe¬ 
minista dentro de la comisión 
habían considerado los derechos 
de la mqjer como partícipes de 
los derechos humanos. 

” 7 ^®sofros pensamos que la 
reivindicación de toda la temᬠ
tica de la mujer no puede estar 
separada de lo que es un derecho 
humano, por eso es que dentro 
de esta institución tenemos una 
comisión especial sobre el tema. 
Trabajamos en conexión con los 
otros grupos que están peleando 


en Argentina en estos momentos 
por los Derechos Humanos. 

—A nosotros nos llamó la 
atención el hecho de que existan 
todavía en Argentina 13 presos 
políticos, entre los cuales se en¬ 
cuentra Hilda Nava. 

—Sí, Hilda Nava lleva 10 años 
de presa política. Tenemos 13 
presos políticos, lo cual es terri¬ 
blemente lamentable en demo¬ 
cracia. Para nosotros son rehe¬ 
nes en democracia y esto indica 
que la presión de los sectores mi¬ 
litares es fuerte. Nosotras enten¬ 
demos que no es fácil para un 
gobierno democrático manejarse 
con esta gente que ha detentado 
el poder y todavía lo tiene, pero 
creemos que no es posible y no 
podemos aceptar que compañe- 



D ESDE 1973 hasta hoy 
distintas organizaciones 
de defensa de los dere¬ 
chos humanos, SERPAJ, grupos 
de familiares de detenidos-desa¬ 
parecidos, de familiares de pre¬ 
sos políticos, de exiliados, comi¬ 
siones de derechos humanos en 
gremios, en partidos políticos, 
grupos de solidaridad desde el 
exterior, grupos de mujeres, han 
trabajado incansablemente para 
la implantación real de las nor¬ 
mas de derecho, es decir, por el 
respeto a la persona humana. 

Durante los años de la dicta¬ 
dura, en los que el envío de una 
nota denunciando alguna viola¬ 
ción a los derechos humanos era 
ya un acto subversivo, debieron 
enfrentar el miedo, el riesgo, la 
indiferencia. También la inter¬ 
minable espera, el desencanto, el 
desgaste emocional y psíquico. 
Ya en democracia estos grupos 
siguen infatigables su lucha, en¬ 
frentando ahora, la repetida 
postergación a sus exigencias y, 
a menudo, la soledad. 

La cronología que publicamos 
a continuación enumera parte 
de las formas de protesta que 
adoptó el Grupo de Madres y 
Familiares de Uruguayos Dete¬ 
nidos-Desaparecidos, para hacer 
públicos los hechos que de mil 
maneras se trataba de ocultar y 
para exigir a las autoridades, sea 
cual fuera el gobierno, que se 
cumpla la Constitución. Todavía 
esperan. 

1977 — Notas al Alto Comi¬ 
sionado de las Naciones Unidas 
para los Refugiados, a Amnesty 
International, a Terence Tod- 
man, Secretario de Estado para 
Asuntos Internacionales del go¬ 
bierno de EE.UU. 

1978 — Notas al Papa Juan 
Pablo I, a las Naciones Unidas, a 
la Asamblea de Puebla, a emba¬ 
jadas de distintos países, al rey 
de España. 

1979 — Notas al escritor Gar¬ 
cía Marques, al Gral. Bonelli. 
jefe del Estado Mayor Conjunto 
reclamando por los desapareci¬ 
dos y exigiendo los nombres 
omitidos en el comunicado de 
las Fuerzas Conjuntas al detener 
a 62 personas y nombrar a solo 
40, al M. de RR.EE., a la Comi¬ 
sión de la OEA que visita Argen¬ 
tina. 

1980 — Notas a la Cruz Roja 


Internacional, a la OEA, a los 
medios de prensa, al Presidente 
de la República, al Papa Juan Pa¬ 
blo II, a personalidades argenti¬ 
nas. Impresión de una tarjeta de 
Navidad pidiendo solidaridad. 

1981 — Notas a la Junta Mili¬ 
tar Argentina, al M. de RR.EE., 
al Arzobispo de Montevideo, a 
las Naciones Unidas, a la OEA. 
Se celebra la Semana Mundial del 
Desaparecido, una jornada de 
9 í%ción y ayuno. Se participa en 
el Congreso de FEDEFAM (Fe¬ 
deración Internacional de Fami¬ 
liares de Desaparecidos), en Ca- 
»‘acas. 

1982 — Se pide una entrevista 
al Presidente de la República, se 
hacen gestiones en Bs. As. Se 
realiza una conferencia de pren¬ 
sa para informar sobre el tema, 
se celebra la Semana del Desa¬ 
parecido, una campaña de car¬ 
tas, se envían notas al Presidente 
de la Junta Militar Argentina y a 
la Suprema Corte de Justicia de 
ese país. Visita a políticos. Con¬ 
greso de FEDEFAM en Lima. 

1983 — Nota de condena al 
documento de la Junta Militar 
Argentina. Reuniones en gre¬ 
mios, barrios, parroquias para 
divulgar el tema de los Derechos 
Humanos. El Secretariado del 
PIT-CNT incluye entre sus rei¬ 
vindicaciones el ‘‘esclarecimien¬ 
to de la situación de los compa¬ 
ñeros detenidos desaparecidos”. 
Participación en el acto del 27 de 
noviembre. Gira de 2 madres de 
desaparecidos por Europa. Ar¬ 
gentina y Brasil. 

1984 — Encuentros con gru¬ 
pos, sindicatos. Exhibición de 
audiovisuales. Participación en 
ayunos; los viernes se empieza a 


manifestar en la Plaza Libertad. 
Semana del Desaparecido, visita 
a políticos, a la Multipartidaria, 
a la Intersocial. Participación en 
la Comisión Nacional Progra¬ 
mática en el marco de la Comi¬ 
sión de Libertades, Derechos y 
Garantías. Denuncia de Habeas 
Corpus por 117 uruguayos de¬ 
saparecidos en Argentina. Folle¬ 
to con la historia de los hechos 
que se denuncian y propuesta de 
acción. 

1985 — Salen los presos de las 
cárceles, vuelven cientos de exi¬ 
liados, los grupos de derechos 
humanos y de familiares siguen 
luchando por los desaparecidos. 
Campaña por Mariana Zaffaro- 
ni y por todos los niños desapa¬ 
recidos. Acciones ante los tres 
Poderes del Estado. Pedido ante 
el Poder Legislativo de cons¬ 
titución de una comisión bica- 
meral investigadora. Presenta¬ 
ción de los casos ante la Justicia. 
Sale un boletín mensual infor¬ 
mativo. Campaña para que la 
Comisión Parlamentaria obten¬ 
ga amplias facultades. Aproba¬ 
ción de un proyecto de ley en la 
Cámara de Diputados dándole 
amplias facultades a la Comi¬ 
sión (no fue aprobado en el Se¬ 
nado). Semana del Desapareci¬ 
do. Se realiza una asamblea por 
Verdad y Justicia organizada por 
el PIT-CNT; se realiza una jor¬ 
nada de denuncia en la Plaza Li¬ 
bertad. Congreso de FEDEFAM 
en Montevideo. Mariana Zaffa- 
roni es secuestrada por 2^ vez y 
ahora en democracia. Se celebra 
Día Mundial contra la desapa¬ 
rición forzosa. 

1986 — Presencia en los actos 
públicos, entregándose una car¬ 
ta a las autoridades. 


ros que sufrieron todo tipo de 
torturas y vejámenes, a dos años 
y medio de gobierno democrᬠ
tico estén aún sin juzgar. 

Hilda Nava es estudiante 
universitaria y enfermera y fue 
detenida junto a su marido. José 
Cuesta, cuando tenía 20 años y 
estaba embarazada. Tuvo su 
bebé en la cárcel; por relatos de 
compañeras que estuvieron se¬ 
cuestradas, podemos tener idea 
de lo que era tener familia den¬ 


tro de esos centros. Por suerte el 
chico no desapareció, se lo deja¬ 
ron tener 2 años con ella en la 
cárcel y recién pudo estar con 
sus dos padres juntos cuando 
tuvo 9 años; hoy tiene 10 años. 
Queremos destacar que Hilda 
fue torturada con golpes y pi¬ 
cana, obligada a firmar una con¬ 
fesión. 

Yo formo parte de una comi¬ 
sión, que se hizo con gente de 
partidos políticos y de organis¬ 


mos y organizaciones de muje¬ 
res, que pelea exclusivamente 
por la libertad de Hilda Nava: 
pedimos el apoyo internacional, 
que toda la gente nos envíe car¬ 
tas adhiriendo y pidiendo por la 
libertad, de Hilda y de los demás 
presos políticos, porque consi¬ 
deramos que es un acto de injus¬ 
ticia que continúen presos. Las 
cartas deben estar dirigidas a la 
calle Riobamba 34, Buenos Ai¬ 
res. 


A n ticoncepción 


Métodos 
de Barrera 



S E vuelve difícil hablar de métodos 
anticonceptivos, cuando se quiere 
trasmitir algo más que una fría, téc¬ 
nica y más o menos completa información 
sobre los mismos cuando la intención es 
convertir esa información en un diálogo, 
un intercambio enriquecedor como el que 
se logra en los talleres o reuniones en los 
que hemos participado para hablar sobre 
anticoncepción. 

Es en estas nuevas formas de comunica¬ 
ción que hemos encontrado las mujeres 
donde radica la diferencia entre la infor¬ 
mación que puede obtenerse en una revista 
especializada, en un folleto o de manos de 
un profesional, y la vivencia de mezclar 
todo el “tecnicismo” con la experiencias, 
miedos, dudas, prejuicios, desconocimien¬ 
tos. 

Es en estos encuentros donde se habla 
de los diversos temas que van asociados a 
la anticoncepción, donde surgen preguntas 
tales como ¿por qué no hay un método 
ideal que no nos perjudique de una u otra 
manera? ¿por qué los hombres no viven el 
problema del cuidado anticonceptivo? 
¿por qué no hay anticonceptivos para 
hombres? ¿qué diferencia existe entre pla¬ 
nificación familiar y control de la natali¬ 
dad? ¿por qué es una responsabilidad que 
sólo pesa sobre las mujeres? ¿de qué 
manera condiciona nuestras vidas? 

Y entre esas discusiones y reflexiones 
colectivas es que hemos ido aprendiendo y 
encontrando nuestras respuestas. 

Es por ello que, frente a una hoja y con 
un determinado espacio se establece una 
lucha por no caer en la esterilidad de des¬ 
cribir características, pro y contra de los 
distintos métodos, sino buscar la manera 
de compartir nuestro punto de vista e 
incentivar la participación de todas las 
mujeres que quieran vertir en esta página 
su opinión, experiencias y dudas. 


EYENDO el libro de M® Luisa Lerer 
sobre “Sexualidad Femenina” y los 
mitos que rodean nuestro ser mujer, 
encontramos un dato que viene al caso. En 
un congreso realizado en Madrid en 1980, 
el 99% de los estudios presentados sobre 
anticoncepción correspondían a la aplica¬ 
ción en la mujer, y sólo el 1% a anticoncep¬ 
tivos masculinos. 

Volviendo a nuestro país encontramos 
sólo un método de amplia difusión para 
hombres, el conocido preservativo o con¬ 
dón, incluido dentro de los llamados 
métodos de barrera. Lo interesante es que 
más que conocerlo como un método anti¬ 
conceptivo, se lo identifica como un exce¬ 
lente preventivo contra las enfermedades 
venéreas y se lo asocia a la relación con 
prostitutas. En el caso que sea adoptado 
por una pareja para evitar un embarazo no 
deseado, se lo utiliza generalmente como 
método transitorio, mientras se encuentra 
otro más seguro que por supuesto deberá 
adoptar la mujer. 

Esto nos demuestra hasta qué punto se 
nos ha delegado la responsabilidad de con¬ 
trolar la natalidad, lo que en sí mis¬ 
mo no está mal, pero que debería ser un 
esfuerzo compartido con el varón. Porque, 
si bien es cierto que para muchas parejas 
el uso del condón disminuye la sensibili¬ 
dad e interfiere en la espontaneidad de la 
relación, también es cierto que los hom¬ 
bres no viven el temor a quedar embara¬ 
zados, ni esto interfiere en su goce sexual, 
por lo tanto tampoco viven la anticoncep¬ 
ción como su responsabilidad. Y esto no 
sólo vale para la habitual resistencia a la 
utilización de preservativos, sino que 
puede extenderse ante cualquier otro mé-' 
todo. La actitud en general de nuestros 
compañeros suele ser de no participación. 

Por ejemplo, ante el uso del diafragma, 
que es otro de los métodos al que nos que¬ 
ríamos referir y que no es muy conocido ni 


difundido en nuestro medio, podría existir 
una participación de nuestra pareja tanto 
en la colocación del mismo como en el sim¬ 
ple hecho de facilitarnos su uso de una 
manera más espontánea dentro de la vida 
sexual. 

L diafragma fue uno de los primeros 
métodos preventivos inventados. 
Desde 1880 y hasta la aparición del 
DIU y las pastillas anticonceptivas fue la 
forma más segura que tuvieron muchas 
mujeres para evitar embarazos no desea¬ 
dos. 

El diafragma es una especie de semies- 
fera de goma con un aro flexible de metal 
en su borde que se coloca en la vagina ta¬ 
pando el cuello del útero. Se utiliza con 
una pomada espermicida que completa la 
barrera para que los espermatozoides no 
lleguen a pasar al útero, y se coloca cada 
vez que se van a tener relaciones con pene¬ 
tración. Según estudios realizados, usado 
cuidadosamente puede tener un 98% de 
efectividad. Y “el usado correctamente” 
quiere decir: asegurarse de que está bien 
colocado, examinando con el dedo si el 
cuello del útero está cubierto con la goma; 
y dejándolo por lo menos hasta 8 horas 
después de mantenidas las relaciones. 
Cada mujer tiene su medida de diafragma. 


y si decide adoptarlo como método, debe ir 
al médico para que determine la medida 
que le corresponde. Puede durar más de 
dos años y es uno de los métodos que no 
tiene ningún efecto secundario. 

Su único inconveniente está en nosotras 
mismas, en nuestra dificultad de toe? 
nuestros genitales, en nuestro desconocí ' 
miento sobre nuestro propio cuerpo. Y al 
mismo tiempo puede ser su ventaja ya que 
puede volverse una excelente “excusa” 
para comenzar a saber cómo estamos 
constituidas. Ser el medio para descu¬ 
brirnos. 

Salvada esta primer barrera, y lograda 
la familiarización con esa parte oculta de 
nuestro cuerpo, quizás el uso del diafrag¬ 
ma nos permita avanzar en pro de nuestra 
sexualidad. 

Por supuesto que, como cualquier otro 
método, el adoptarlo dependerá de las ca¬ 
racterísticas personales. Para muchas pue¬ 
de convertirse en “el método ideal” (sal¬ 
vando las distancias), para otras será una 
nueva complicación,un elemento distorsio- 
nador. Lo importante es que sepamos que 
existe y que. el usarlo o no se vuelva nues¬ 
tra decisión y no la decisión de la ignoran 
cia, el prejuicio o el médico. 

LA. 




Testimonio de Nelly 

“Tenía 19 años, mucho miedo 
y poca información ” 


E n muchas oportunidades, desde la página que dedica¬ 
mos a la salud de la mujer, nos hemos preocupado por 
la deshumanización que tan a menudo encontramos 
en nuestro sistema de salud. Parecería que la sociedad, que 
tanto encumbra el acto de dar la vida, que tan a gusto coloca a 
la mujer en un trono reverenciado y que tanto se enriquece con 
esta creación, no enctientra la manera de saber respetar a una 
sola mujer en el momento en que su persona toda está siendo 
exigida al máximo. El caso de Nelly es un crudo testimonio de 
esta actitud: desgraciadamente no es un caso aislado. Consi¬ 
deramos que no se llegará nunca a esa sociedad a la medida 
humana que queremos, si no exigimos una y otra vez un 
cambio en estas actitudes violadoras de los derechos de la 
persona. 

Testimonio de Neiiy: 

^Ingresé en un sanatorio de Asignaciones Familiares a la 
una de la mañana de una Navidad. 

Era un mal día y una mala hora, me dijeron. Poco per’ 
sonal y poca paciencia. Yo tenía 19 años, mucho miedo y poca 
información. Luego de examinarme el médico de guardia dijo 
que faltaba mucho porque tenia 3 de dilatación, pero igual 
quedé internada. 

Después de cambiarme, una enfermera me hizo un enema 


y me dijo que aguantara el agua, mientras me rasuraba. Creí 
que reventaba y no aguanté, y antes de bajar de la camilla me 
ensucié. Fue el primer rezongo que recibí. A mi madre y mi 
marido luego de las cinco de la mañana, les dijeron que se 
fueran, porque igual conmigo no podían estar, y que era lo 
mejor para mí, sin sus mimos yo no iba a llorar. 

Como me quejaba mucho de fuertes dolores, me inyecta¬ 
ron un calmante y me adormecí. De ahí en más todo fueron 
pesadillas y dolor, hasta las tres de la tarde cuando abrí los 
ojos. Estaba rodeada de médicos, me llevaban a la sala de 
partos, querían despertarme no podían. Ya está naciendo, 
me decían, pujá, pujá, desgraciada. Pero yo estaba agotada, no 
tenía fuerza. 

Tuvieron que hacerme la episiotomía y aún así me des¬ 
garré hasta el ano. Entonces desperté totalmente, tuvieron que 
desprenderme la placenta. Llamaron a un médico para que me 
cosiera. 

Entonces yo pregunté: ¿qué me van a hacer? ¿Qué me 
pasó? La partera se enojó y me dijo: Sos una yegua, te importa 
más tu culo que tu hija. Aún no preguntaste cómo está ella. 
Eso me hizo sentir peor aún, con un sentimientq de culpa que 
me duró mucho tiempo. Hasta que pude entender que si vo 
hubiera estado acompañada, informada y tratada con un poco 
de cariño de parte del personal, estoy segura que hubiera dis¬ 
frutado del parto como luego pasó con mi segunda hija". 


III Congreso 
Uruguayo 
de Sexología 

El 25 al 28 de setiembre de este aflo se 
llevará a cabo en nuestro país el III 
Congreso Uruguayo de Sexología, organi¬ 
zado por la Sociedad Uruguaya de Sexolo¬ 
gía. Lo que nos parece importantísimo del 
mismo es que el tema central de dicho 
evento será: “L« Condición de la 
nuestra Sociedad** y la “Sexualidad de li 
Mi^er Adolescente**. 

Se desarrollarán ademas mesas redon¬ 
das. paneles y talleres sobre: la educación 
sexual y la doble norma, mujer y violencia 
sexual, anticoncepción, compatibilidad e 
incompatibilidad sexuales de la pareja y 1* 
sexualidad de la mujer de la tercera edad. 


Por informes e inscripciones dirigirse a 
Ana Monterroso de Lavalleja 2010. Telé¬ 
fono 4 47 29. 









' ■ ■S ^ 


j L- T 


;3EÍÍ?j 




Desde el penal de 
Punta de Rieles... 


.4 veces hay eclipse y no lo veo 
ti veces las cortinas se mueven 
|v me parece que bailan. 

^ .4 veces las manos se me escapan 
creo que están contigo. 

A veces la magra comida 
^ue me alcanzan 
ne trae el sueño 
ie una vida mejor 

de los mismos caminos siempre andados 
\con los ojos abiertos y el pie firme. 

A veces y digo siempre a veces 
mi pie derecho se encapricha 
y mi pie izquierdo se encapricha 
y ninguno quiere ir detrás del otro: 
por eso a veces 

marcho a los saltos por la vida, 
ero marcho. 


/ 

^ -la Troglio 

' Penal de Punta de Rieles, 1984 
del libro Escritos de la cárcel, Vol. I, Ex¬ 
presión poética de los presos políticos, 
publicado recientemente por el Centro de 
Integración Cultural, CIC. 


Ustedes me piden 
que hable de la maternidad... 


N O es fácil hablar de este tema. Muy 
pocas veces he hablado de ese as¬ 
pecto que ustedes quieren que 
toque: la maternidad. He dicho decenas 
de veces —a veces me parece que millares 
de veces— de cómo llegaron a mi casa, de 
que Simón tenía sólo 20 días, de los años 
de búsqueda, de sus secuestradores. Pero 
muy pocas veces, sólo muy pocas veces he 
hablado de que Simón también tuvo un 
montón de batitas que fueron regalos de 
amigos, de familiares y hasta que algunas 
de ellas tenían el carácter de préstamo; 
que tuvo un moisés y sábanas bordadas 
por su madre y como todos los niños que 
son esperados, largamente esperados, un 
montón de diálogos ya iniciados. 

A veces pienso que fueron los años de 
cárcel; la imposibilidad de volcar en un 
medio donde todos tenían su cuota parte 
de pesares que llevar, más pesar y uno 
tan especial en un medio de mujeres. 
Porque allí no se podía mostrar heridas, 
porque en ellas los represores echaban 
sal y había que resistir. Quizás —tam¬ 
bién— porque a veces se tiene miedo de 
llegar hasta el fondo del dolor; por eso y 
quién sabe por cuánto más... luego no es 
fácil sacar todas esas pesadas tapas de 
defensa así nomás. Ello significa un 
proceso, y aún estamos en la difícil eta¬ 
pa de la denuncia, del reclamo, de hacer 



que se haga justicia. 

Recuerdo las dudas, los temores, los 
tremendos temores que tenía y a veces lo 
conversábamos con compañeras y com¬ 
pañeros militantes. Tener un hijo no po¬ 
día ser un hecho fortuito y tampoco 
—por qué diablos— algo tan meditado y 
calculado. ¿Miles de seres no tienen un 


hijo porque sí?, porque ellos son frutos 
del amor de un hombre y una mujer? 
¿Por qué su destino debía ser algo tan 
premeditado, acaso los pobres son unos 
inconcientes cuando traen sus hijos al 
mundo? O los pueblos que están en gue¬ 
rra, ¿acaso no tienen hijos? Y Vietnam 
era el ejemplo. Sin embargo se necesitaba 
una madurez, una convicción real en lo 
que se estaba y por qué se estaba. Por eso 
Simón nació cuando yo tenía 32 años. 
Luego entendí, que ese era el tiempo de 
madurez de mis convicciones. Lo vivido 
me lo iba a demostrar muy duramente. 

Han pasado 10 años desde que Simón 
nació. Hoy, en el lugar donde se encuen¬ 
tre, con el rostro que tenga, Simón es un 
ser que nació de padres que lo quisieron 
mucho, que tiene un montón de diálogos 
inconclusos; pero que es él. Simón es to¬ 
do eso con sus 10 años vividos junto a 
quienes —quizás— lo tienen como una 
posesión, como algo querido, pero como 
una posesión, un trofeo o simplemente la 
posesión de un niño que no pudieron 
tener. 

Ustedes me piden que hable de la ma¬ 
ternidad... quizás lo más importante que 
pueda decirles es que mirar a un niño me 
sigue siendo hoy, de los hechos más feli¬ 
ces que puedo vivir. 

Sara Méndez 


LA UNICA MUJER 


la que no le teme a la soledad porque siempre ha estado sola 
la que deja pasar los alaridos grotescos de la violencia 


Jm única mujer que puede ser 

'^5 la que sabe que el sol para su vida empieza ahora 


y la ejecuta con gracia 

la que se libera en el amor pleno 

la que ama 


^5 /0 que no derrama lágrimas sino dardos para 
]j^^mbrar la alambrada de su territorio 


jo^a que no comete ruegos 

j.fa que opina y levanta su cabeza y agita su cuerpo 
_/ es tierna sin vergüenza y dura sin odios 

n -ú que desprende el alfabeto de la sumisión 
camina erguida 


la única mujer que puede ser la única 

es la que dolorida y limpia decide por sí misma 

salir de su prehistoria. 

Bertalicia Peralta 

Panamá, 1939 

del libro Poesía feminista del mundo contemporáneo, Siglo XXL 


os 



Simón, Mariana 


Fernanda, Beatriz y 
Andrea, 


Carmen, Verónica 


y el hijo de Yolanda 


Ese pan nuestro 
de cada día,,. 

A l mediodía ya estaba allí, vale de¬ 
cir, al mediodía ya lo habían 
“puesto allí”: 18 y Julio Herrera y 
Obes. Cuatro, cinco años, difícil determi¬ 
narlo, el hambre endémico no perdona, 
marca, señala, desdibuja la edad. Sentado 
en el suelo, con un letrero atado al cuello 
que reza: “Ayúdenme”. 

¿Permanece quieto, manso, obediente?, 
¿rendido?, ¿resignado?, ¿temeroso?, aje¬ 
no, eso sí, al trajinar de la gente. De algu¬ 
na manera ha asumido su papel, su rol de 
ser algo que permanece allí, que molesta a 
algunos, indigna a otros, asombra a los 
más sentimientos encontrados que, de 
alguna manera, enlentecen los pasos, con o 
sin dádiva... y sigue el extraño río que se 
prolonga rumoroso durante horas y ho¬ 
ras... 

El permanece quieto, no come, no ha¬ 
bla, no ríe, no acaricia, no va a la escuela, 
ni protesta por los pisotones, como si, una 
gran indiferencia lo hubiera invadido todo. 

Llega la noche y no han venido por él, 
¿se les hizo tarde?, ¿se olvidaron?, ¿es que 
aún hay alguien que recuerda que existe? 

El mentón caído sobre el letrero, se ha 
quedado patéticamente dormido. “El sue¬ 
ño, muerte de la vida de cada día, baño 
reparador del duro trabajo, bálsamo de las 
almas heridas...( 1 ) 

El no asesinó el sueño, como Macbeth, 
pero nosotros, en cambio, hemos asesi¬ 
nado todos sus derechos y pretendemos 
gozar el sueño de los justos. 


S.S.R. 



Paraguay en la opinión 
de tres mujeres 


En el marco de la Conferencia Internacional sobre 
Participación Politica de la Mujer en el Cono Sur, tuvi¬ 
mos la oportunidad de contactarnos con mujeres de Pa¬ 
raguay, un pais en el que, los casi 50 años de dictadura, 
han intentado arrasar toda iniciativa de cambio. Pero 
que sin embargo, resiste, gracias, en parte, a la existencia 
de personas como las que tuvimos la suerte de conocer, 
charlar y estrechar vínculos. 

Esta es parte de la conversación que Cotidiano 
MUJER mantuvo con: Raquel Rojas (comunicadora 
social). Olinda Bareiro (politóloga) y Cristina Olazar 
(campesina). 



R aquel y Ollnda, ¿existe 
hoy en Paraguay una 
preocupación específica 
de la mi^er por su situación? 

—Hace cuatro aflos surge en 
nuestro país el primer grupo de 
mujeres con reivindicaciones 
propias. Un núcleo de mujeres 
que habíamos tenido, por otros 
medios» acceso a la información 
de lo que pasaba a nivel latino¬ 
americano y mundial con res¬ 
pecto a la organización de la 
mujer, decidimos unirnos para 
crear la Unión de Mujeres Para¬ 
guayas, donde participó también 
una ex diputada liberal radical. 
Posteriormente la forma de tra¬ 
bajo de esta compañera, excesi¬ 
vamente ligada a la forma de 
militancia política de los parti¬ 
dos tradicionales, crearon ten¬ 
siones al interior del grupo y 
muchas compañeras, la mayo- 


Cristina... 

Mi nombre es Cristina Olazar, 
soy casada, campesina, tengo 
dos hijos y un marido que es un 
buen compañero. Trabajamos 
juntos en este trabajo del movi¬ 
miento social. Y ahora que me 
doy cuenta, vengo de una familia 
en la que mi tatarabuela, mi 
abuela y mi madre, fueron todas 
madres solteras. 

Cü UAL ra tu actividad,Cris- 


ría, nos retiramos para formar 
un grupo estudio-acción al que 
ni nos interesó ponerle nombre. 

A partir de este grupo no sólo 
se estableció una línea de estu¬ 
dio y educación de los presu¬ 
puestos reivindicativos de la mu¬ 
jer o de la elaboración feminista, 
sino que fue acompañado de una 
práctica. Se hacían reuniones, se 
elaboraba y discutía, se confron¬ 
taban las posiciones. 

Posteriormente hubo un re¬ 
pliegue a raíz de una represión 
que no fue directamente contra 
el grupo de mujeres, sino contra 
el Banco Paraguayo de Datos en 
donde muchas trabajaban y co¬ 
laboraban. 

Por primera vez surge en los 
interrogatorios el hecho de que 
los represores tomaran al femi¬ 
nismo como otra forma de orga¬ 
nizarse políticamente. 


tina|en el Paraguay? 

—Yo trabajo con grupos de 
mujeres para tratar de la propia 
condición de la mujer. Quiero 
aclarar que cuando comenzamos 
a reunirnos, nos agrupamos por 
la crisis económica actual. En 
Paraguay los hombres no tienen 
trabajo, la chacra no se puede 
vender, hay mucho problema 
económico familiar. Por eso nos 
juntamos unas cuantas mujeres. 


Un feminismo que reivindica 
una ruptura de la opresión de la 
mujer, que agrupa, agremia a 
las mujeres y propicia su partici¬ 
pación como parte de una socie¬ 
dad resquebrajada y fragmenta¬ 
da como la sociedad paraguaya, 
es un planteamiento nuevo y so¬ 
lidario, y eso es peligroso. No 
sólo para la dictadura sino tam¬ 
bién para ciertos sectores que se 
siguen manejando con conceptos 
tradicionales. El feminismo ob¬ 
viamente es transformador, mo- 
vilizadory solidario. 

—¿Qué papel ocupa la mi^er 
en la sociedad paraguaya? 

—En mi trabajo “Apuntes so¬ 
bre el rol de la mujer en la do- 
mesticidad rural” analizo algu¬ 
nos de esos aspectos. Allí queda 
en evidencia que la mujer en el 
campo, sobre todo en las áreas 


para estudiar cómo resolvíamos 
este problema, y encontramos 
que una de las formas sería la 
artesanía. En mi compañía, que 
es así como nos dividimos, so¬ 
mos 20 mujeres. Como no pode¬ 
mos enfrentar el mercado solas 
tenemos que necesariamente 
unirnos a otras, mismo para in- 
fraestructurar nuestra organiza¬ 
ción, vender los productos, etc. 

Hicimos un encuentro para 
esto, en el que invitamos a com¬ 
pañeras del área de la salud, de 
otros departamentos rurales, y a 
mujeres que trabajan con indí¬ 
genas. 

—En esUi agrupaciones arte¬ 
sanales, ¿qué tipo de informa¬ 
ción les llega? 

—Es difícil de responder... 
Diarios no tenemos en la campa¬ 
ña, llegan a los pueblos del inte¬ 
rior pero no a la zona rural, y 
aunque llegaran nadie los com¬ 
praría. Radio, en el sector rural 
muchos tienen, pero no todos, y 
los que tienen, el problema son 
las pilas. Libros, no hay, pero un 


de minifundio, y tanto las amas 
de casa con compañeros estables 
como las ogayaras (dueñas de 
casa) sin compañeros estables, o 
madres solteras, han trabajado 
siempre en la chacra compar¬ 
tiendo la responsabilidad pro¬ 
ductiva con el hombré o asu¬ 
miéndola solas. 

En el Paraguay cerca del 60% 
de las mujeres son cabeza de 
familia, no existe una estructura 
familiar patriarcal como en los 
países de economía agraria tra¬ 
dicional, pero tampoco existe un 
matriarcado. 

Que en Paraguay existe Ma¬ 
triarcado, es un argumento que 
se utiliza para justificar una si¬ 
tuación de sobre explotación de 
la mujer. El Matriarcado sería 
toda una reflexión social, políti¬ 
ca y transformadora de los nive¬ 
les institucionales de poder de la 



grupo sin embargo nos pidió la 
Constitución Nacional, tenían 
hambre de conocer sus derechos. 
El otro problema es que nosotros 
hablamos el guaraní y no hay 
textos en guaraní. Ni siquiera 
hay escuelas en guaraní. Esta¬ 
mos perdiendo nuestro idioma, 
nuestra arma de resistencia. 

Lo que es importante para 
nosotros, es poder salir y hablar 
con la gente que tiene otras ex¬ 
periencias, es una gran ayuda 
para que la mujer, a nivel scx'ial. 
vaya tomando conciencia de su 
situación de mujer. 


mujer. En cambio en nuestro 
país, si bien la mujer cumple las 
funciones del patriarca, no están 
contempladas sus reivindicacio¬ 
nes como mujer y como campe¬ 
sina, y menos aún tiene posibili¬ 
dades de opinión y de poder en 
los ámbitos de decisión. 

—¿Cual e§ la participación de 
la mq|er a nivel §indical? 

—El índice de sindicalización 
en el Paraguay es del 2.5%. Toda 
la política ha sido de represión a 
toda forma de organización. En 
1958 se realizó la última huelga 
general, y a partir de allí la dic¬ 
tadura copó la Confederación 
Paraguaya de Trabajadores. Re¬ 
cién hace un año, en un 1° de 
mayo, se crea el Movimiento In- 
tersindical de Trabajadores c 
no llega a reunir más del 1% u/ 
total de trabajadores del país. 

En la plataforma del MIT no 
existe ninguna reivindicación es¬ 
pecífica de la mujer, pero en sus 
dos sindicatos más fuertes (el del 
comercio y el bancario) existen 
grupos de mujeres con un traba¬ 
jo constante de denuncias sobre 
todo con respecto al acoso sexual 
que sufren las trabajadoras. Y si 
bien hay mucha participación de 
la mujer en las asambleas, este 
porcentaje se reduce en las 
tareas permanentes y en los ni¬ 
veles de dirección. 

% 


¡Nos mudamos! 

Nuestra nueva dirección a par¬ 
tir del 1° de agosto es: 

Jackson 1270 - Apto. SSIOI 
Teléf.: 403709 


Cotidiano Mujer es una publicación 
mensual del Colectivo Editorial 
Mujer. 

Directora Responsable: Elvira Luiz 
Colectivo de Redaccióni Lilián 
Abracinskas, Brenda Bogliaccini. 
Lilián Celibeni, Elenai^onseca. 
Elvira Lutz 

Colaboradoras Permancntott 

Anna María Coluzzi, Mirta Peggo, 
Ivonne Trías 

Colaboraron en este número: 

Fany Puyeski, Sara Méndez, 

Silvia Bclbusi. 

Espacio Abierto: 

Grecmu, Plemuu. Umu 

Diseño: Ma. Laura Bulanti 
Diagramackin; Brenda Bogliacini. 
Silvana González, Ivonne Trías. 

Dibujos: Pilar González. Anahí M. 
Manovsky. Lala Severi. 

Fotografía; Estela Peri. 

DIrei'elon: 

Jackson 1270- Apto. SSIOI 
Telét.: 40370^ 

Impresión: Petirossi Hnos. 

C'oojK'r 222Ú. 

IX'pósiio Legal 20LK)"’ 

Kegisiio Carpeta n. % 85-4(>82 


A la Asociación de Mujeres 
Nicaragüenses 

E n el marco de este número dedicado a los derechos huma¬ 
nos, queremos unir nuestra voz a la de nuestras her¬ 
manas nicaragüenses que trabajan hoy en la búsqueda de 
Paz para el desarrollo de su pueblo. 

Como mujeres que damos la vida y la ayudamos a desarro¬ 
llarse, odiamos la guerra que la destruye. Pero también como 
mujeres que vivimos y sentimos la opresión y la violencia, denun¬ 
ciamos y combatimos a aquellos que oprimen y violan los 
derechos humanos de nuestros pueblos. Por eso como mujeres 
consideramos que no habrá Paz mientras existan quienes pre¬ 
tendan ejercer el poder y la dominación sobre otros. No habrá Paz 
mientras no exista el respeto incuestionable por los Derechos 
Humanos. 





Espacio Abierto 


Mq/eR 


Con mujeres como estas 
¿quién puede dudar 
que es posible cambiar? 

Etjóbado 5 de Julio ef, la casa nueva de! PLEMUU. un centenar de mujeres de los grupos del Interior 
y de Montevideo se encontraron para hablar sobre un antes y un después en su vida cotidiana. El antes 
empieza a quedar como recuerdo lejano, y por qué no, doloroso, y el después ya no es después 
sino ahora, poblado de cambios y realidades disfrutables y compartidas. 

Hubo informes, teatro, risas y algunas lágrimas. Fue un ^'lugar de mujer ’multiplicado, en el que 
Pttrticipó hasta una murga de mujeres que cerró su actuación cantando: 

Hay un refrán conocido /y perdóname que insista / no hay mal que dure cien años / ni mujer 

que lo resista ’ ’. 



Encuentro sobre la vida cotidiana del PLEMUU 


L OS grupos de mujeres del 
PLEMUU inauguraron 
un nuevo espacio duran¬ 
te la dictadura y han logrado 
mantenerlo en democracia. 

Ha crecido la conciencia a tra¬ 
vés de la propia práctica de que 
las organizaciones sociales no 
son espacios alternativos para si¬ 
tuaciones de crisis sino que, 
desde ellas, se participa política¬ 
mente y constituyen instancias 
esenciales en los proyectos de 
cambio, en democracia, para 
profundizarla. 

Se viene afirmando una nueva 
identidad mujer-grupo-barrio- 
comunidad a través de pequeños 
y grandes saltos que alimentan 
una perspectiva ideológica poco 
transitada por las respuestas po¬ 
lítico-partidarias. Lo personal es 
político y tiene contenido trans¬ 
formador más allá de lo perso¬ 
nal. la revolución de lo cotidiano 
es un puente para un cambio en 
la calidad de vida. 

La conciencia de género pros¬ 
peró en los grupos PLEMUU a 
partir de la reflexión y comuni¬ 
cación de las propias mujeres. 

La conformación de los gru¬ 
pos en su heterogeneidad social, 
^ cultural e ideológica facilitó el 
^ reconocimiento de un eje común, 
el ser mujeres. 

Si las amas de casa creían que 
eran discriminadas sólo por ser¬ 
lo comprendieron que las obre¬ 
ras, las profesionales y las estu¬ 
diantes, también lo eran. Si éstas 
o las mujeres políticas creyeron 
que estaban fuera de la cuestión 
por no sentirse “atrapadas en el 
hogar”, se vieron igualmente in¬ 
volucradas. 

“El 19 cumplimos un año de 
dura lucha, lucha de un grupo 
de mujeres de distintas ideas po¬ 
líticas y religiosas que hemos sa¬ 
bido trabajar unidas, porque el 
fin nos es común. Invitamos a la 
mujer palmirense a reunirse y a 
‘ reflexionar ya que, escalón más 
' arriba o más abajo, vivimos la 
misma suerte, la lucha diaria de 
mantener en pie a nuestra fami¬ 
lia, porque somos el eje de nues¬ 
tros hogares. Nuestro compro¬ 
miso ante la vida es mucho, por¬ 
que no sólo creamos vida, sino 
que podemos cambiarla. Nues¬ 
tra reflexión es apoyémosnos 
porque nos une nuestra condi¬ 
ción de mujer” (Nueva Palmira). 

La vida de las mqjeres de los 
grupos ha empezado a cambiar y 

se traduce en un replanteo de la 
responsabilidad doméstica y de 
allí “saltan” a un cambio de en¬ 
foque general de la vida. 

“Hemos cambiado en las co¬ 
sas de todos los días... ponemos 
límite al trabajo...” (Florida). 

“Hay compañeras que se sien¬ 
ten más seguras desde que*están 
en el grupo para enfrentar a la 
familia. Una compañera, que el 
esposo no quería saber de reu¬ 
niones, ni que saliera de la casa y 
que le llegó el momento de la li¬ 
beración y le dijo, bueno m’hiji- 
to, yo todos los días te espero con 
el mate y tengo que estar siem¬ 
pre cuando tú vienes. Se termi¬ 
nó, voy a salir y a reunirme con 
las demás mujeres, a ver si lo¬ 
gramos hacer algo...” (Treinta y 
Tres). 


Antes nos sentíamos un ob¬ 
jeto más dentro de la casa, aho¬ 
ra no” (Mesa 3). 

No es fácil, el cambio en lo do¬ 
méstico trae conflictos. 

“En el medio no somos bien 
vistas, porque dicen: estas locas 
se van a reunir y quién sabe de 
qué hablan” (Treinta y Tres). 

Tras el conflicto, el logro con¬ 
creto, palpable, visible, disfru- 
table. 

“Yo logré que mi esposo fuera 
a buscar la leche, a comprar 
carne”. 

“Me incluyó en la sociedad 
del taller” (Treinta y Tres). 

“Ella ahora volvió a estudiar, 
va al liceo y él se ocupa de la 
casa” (Treinta y Tres). 

Las mqjeres en los grupos 
comprendieron la necesidad de 
informarse. 

“Yo, el rato que estoy en casa, 
es de mañana, pero mi marido 
también y él está acostado con la 
radio y tenemos una radio sola. 
Yo le dije, me voy a comprar una 
radio y voy a andar con ella col¬ 
gada” (Treinta y Tres). 

“Lo que más me satisface es la 
participación de mi marido y 
mis hijos en la casa. El continuo 
hablar y hacerles ver que la casa 
no es de una sola, sino de todos 
los que están viviendo y que las 
cosas hay que compartirlas, tan¬ 
to sea para comer como para 
trabajar” (Colón). 

“Lo que más me gusta de mi 
esposo, ahora, es que usa las 
mismas palabras que yo. Cuan¬ 
do yo no estoy y él queda con los 
chiquilines, les dice: hay que co¬ 
laborar, que yo acá en casa no 
vivo solo” (Colón). 

El hecho de haber promovido 
cambios, no sin conflicto, en 
el ámbito hogareño, impulsa a 
las mi^eres a seguir adelante. 

Asumen y fortalecen un “esta¬ 
do de alerta” en lo que tiene que 
ver con su condición, que tras¬ 
ciende lo familiar y salta al 
barrio, al trabajo, al sindicato y 
a los partidos políticos. 

“Una de las cosas que nos pa¬ 
sa , es que tenemos el tema de la 
mujer en la punta de la lengua 
siempre... Muchas veces se ríen y 
apenas empezamos a hablar nos 
dicen: ¡ya empezaron con el te¬ 
ma de la mujer?” (Pocitos). 

“Estamos mucho más alertas 
a todo, en las películas, en la 
propaganda, que antes se nos es¬ 
capaban muchas cosas que nos 
querían “enchufar”. Ahora co¬ 


mo que paramos y decimos no” 
(Pocitos). 

“Yo soy maestra y había te¬ 
mas que no trataba y no les daba 
importancia. Por ejemplo, el día 
del trabajador, los niños hablan 
siempre que papá trabaja y la 
mamá no. Y eso es lo que les en¬ 
señábamos, ahora sin darme 
cuenta, les enseño que la mamá 
cuando amasa, está trabajando. 
Lo mismo con Varela, siempre lo 
había dado y nunca había dicho 
que le había dado importancia a 
la educación de la mujer. Y aho¬ 
ra se ve que les quedó y cuando 
les preguntan: ¿qué hizo Vare- 
la? Contestan, hizo que las mu¬ 
jeres pudieran estudiar, que fue¬ 
ran a la escuela. Se ve que les 
llamó la atención, porque nunca 
nadie se los había dicho” (Flo¬ 
rida). 

A partir de lo doméstico, el 
hombre aparece como “aliado 
necesario” y no como enemigo, 
aunque sí como responsable si 
no comparte el proyecto de 
cambio. 


Este incluir a los hombres en 
la propuesta de cambio ha resul¬ 
tado eficiente en la práctica 
transformadora. 

“Mi compañero es bastante 
compañero y me apoyó mucho 
en esto de liberarme” (Colón). 

“Ahora tengo más argumen¬ 
tos para convencerlo. Yo siem¬ 
pre le decía, pero él encontraba 
un pero, y yo me quedaba sin 
saber qué responder. Ahora ten¬ 
go argumentos y podemos con¬ 
versar” (Colón). 

“Mi esposo era único hijo y 
jamás hizo nada. Era el niño de 
la casa, así lo habían educado. 
Ahora cambió, ya no es el niño. 
Nos cuesta a los dos, yo por un 
lado, porque veo la injusticia de 
que yo tenga que hacer las cosas. 


y él como nunca hizo nada y 
ahora tiene que hacer, le cuesta 
pila, pero hace” (Colón). 

Es significativo el nacimiento 
de un nuevo discurso desde la 
mqjer, espontáneo, Joven, fresco, 
y en ocasiones aún contradic¬ 
torio. 

Las contradicciones surgen en 
relación directa con las propias 
contradicciones que tiene el pro¬ 
ceso de cambio que protagoni¬ 
zan. El proceso no es acabado, 
está plagado de conflictos, tiene 
marchas y contramarchas. 

“En teoría, muchas veces nos 
es fácil aceptar los cambios y ver 
lo bueno que es cambiar, pero es 
más difícil cuando queremos 
bajar a la realidad de todos los 
días” (Pocitos). 

“Nuestro proceso a nivel de 
cabeza ha sido mucho más rápi¬ 
do, y por ahí hemos sido menos 
coherentes en el manejo del día a 
día” (Pocitos). 

“Tenemos que cuidamos, por¬ 
que a veces sin darme cuenta 
largo alguna cosa que es tremen¬ 
damente machista en el fondo, y 
me dicen: estás siendo más 
machista que yo que soy hom¬ 
bre” (Pocitos). 

El rechazo a la participación 
femenina en lo decisorio alcanza 
ámbitos insospechables. 

“La cooperativa es igual o 
peor que los pueblos, cuesta mu¬ 
cho reunir a las mujeres. El coo¬ 
perativista se acostumbró a tra¬ 
bajar en conjunto, pero hay es¬ 
tatutos y reglas que las ideó y 
manejó el hombre, a la mujer le 
cuesta un poco. La mujer cola¬ 
bora, pero a levantar paredes” 
(Mesa 3, Sayago). 

El grupo da seguridad, nos 
ayuda a crecer como personas. 

Al principio las propias mujeres 
dudan: “Yo soy nuevita en el 


PLEMUU. Cuando vi que frente 
a mi casa había un cartel que 
decía: PLEMUU, AMAS DE 
CASA, y yo dije, bueno, voy a ver 
qué es y pensé: ¡qué aburrido, 
sólo mujeres! Y después de a 
poco me fui dando cuenta” (Sa¬ 
yago). 

“Asíempecé, soy nueva. Cuan¬ 
do tuvimos los talleres de sexua¬ 
lidad, para mí fue muy impor¬ 
tante, me hicieron sentir perso¬ 
na. Yo desde la mañana parece 
que no existo, me voy a la feria, 
me voy a sacar una orden, al tra¬ 
bajo, después a una reunión, es 
como que no existo, soy como 
una máquina. Cuando me dije¬ 
ron, vamos a tomarnos las ma¬ 
nos y cerrar los ojos, yo pensé: al 
fin me encontré, soy una perso¬ 
na” (Sayago). 

El grupo afirma la solidaridad 
entre las mqjeres. Esa solidari¬ 
dad tan inexistente en el mundo 
de los hombres y tan necesaria 
para fortalecer el movimiento de 
mujeres. 

“Ya no somos tan simplistas 
para juzgar a otras que no viven 
como nosotras, que aún no viven 
en este nuevo estilo que nosotras 
estamos queriendo vivir e im¬ 
plantar en la sociedad. Nos 
damos cuenta que el problema 
es mucho más global de lo que 
habíamos pensado, que no es 
sólo la opción de la vecina hecha 
por ella, sabemos que hay razo¬ 
nes más profundas. Hay armada 
una estructura mucho mayor y 
por eso creemos que no debemos 
atacar. Las que tuvimos la suerte 
de encontrar al PLEMUU. tene¬ 
mos que darles una mano y en 
nuestras vivencias de todos los 
días hacia el barrio, hacia las 
amigas, hacia el trabajo, gritar 
más fuerte para ayudar a aque¬ 
llas que no han vislumbrado un 
cambio aún” (Pocitos). 

“Tendríamos que andar con 
un megáfono en las casas, en los 
balcones, en las calles” (Colón). 

“Nos sentimos má solidarias, 
si hay una que tiene problemas, 
ahí corremos todas” (Treinta y 
Tres). 

Si atendiéramos hoy al espacio 
político tradicional, la situación 
de la mujer uruguaya, parece no 
haber cambiado. Creemos, sin 
embargo, que a pesar de los im¬ 
pulsos y frenos que revelan estos 
testimonios, las condiciones pa¬ 
ra el cambio están planteadas. 
Los grupos de mujeres están 
transitando un terreno inexplo¬ 
rado, están cuestionando y apos¬ 
tando a un proyecto que incluye 
a las mujeres y apunta a una ca¬ 
lidad de vida distinta y mejor. 

Y lo que es más significativo, 
el PLEMUU constituye hoy una 
realidad organizativa desde las 
mujeres, que fortalece la convic¬ 
ción de que es posible el cambio 
y que las instancias del mismo 
no son ajenas sino que exigen el 
protagonismo de las mujeres 
desde sus organizaciones. 


Plenario de Mineras dd Uraguay 


MCyeK 


Espacio Abierto 


Cuando se quiso usar 
a la mujer como gatillo 


E n estos últimos años, las mujeres 
de San Javier, volvieron a repetir 
la imagen histórica de la mujer 
rusa, descripta por Máximo Gorki, en su 
obra: “Mi infancia”, donde el rol de la 
mujer, trasciende el tiempo del hombre, 
siendo justamente ella el elemento de 
permanencia en la sociedad y en la fami¬ 
lia, cumpliendo múltiples roles y divi¬ 
diendo su tiempo entre el sembrado y 
arado de la tierra, el cuidado de sus hijos 
y todo tipo de trabajos, que permitiera el 
mantenimiento del medio social. 

La población de San Javier, constitui¬ 
da en su mayoría por rusos y descen¬ 
dientes de rusos, fue objeto, durante la 
dictadura, de una feroz persecución de 
tipo racial. 

La mayoría de sus mujeres, tuvieron a 
sus compañeros, hijos, padres, sobrinos, 
etc., presos y fue justamente la imagen 
de esa mujer, la que se usó como instru¬ 
mento de coacción y tortura para sus 
propios familiares. 

En permanente lucha, la mujer de San 
Javier, demuestra definitivamente la 
mala fe del poder de tumo, cuestionan¬ 
do permanentemente: ¿Cómo es posible 
que, si se interroga a quien supuesta¬ 
mente no tiene sentimientos humanos, 
se trate de explotar su vinculación con 
sus afectos, con sus esposas, madres, 
hijas?... ¿Por qué se usaba a la mujer 
como gatillo, como disparador?... 

Como madres, debieron afrontar pre¬ 
guntas infantiles, sumamente dramáti¬ 
cas, citando como ejemplo, la pregunta 
de un niño de 10 años, que, ante la pre¬ 
sencia de 3 recién liberados, pregunta a 
su madre: Mamá, ¿por qué los convirtie¬ 
ron en judíos?... Una «emana antes, el 
niño había visto una película del proceso 
nazi. 

También cabe destacar que las opor¬ 


tunidades socioeconómicas que normal¬ 
mente nuestra sociedad ofrece a la mu¬ 
jer, suelen ser muy poco dignas de cré¬ 
dito a ningún nivel. 

Cuando las mujeres de San Javier, 
salen a ganar, con su sacrificio, un alivio 
económico a las condiciones de sus pre¬ 
sos. se piensa en forma sistemática y en 
no pocos interrogatorios, que el dinero 
para comprar ese alivio proviene de 
fuentes muy poco lícitas. 

Era como si sólo la prostitución fuese 
capaz de soportar el peso económico, 
siendo en realidad que las ausencias que 
oprimían los sentimientos femeninos 
obligaban a las mujeres a suplir con su 
esfuerzo lacerante, el vacío dejado por la 
injusticia. 

Todos los procesos dictatoriales, se 
basan en el machismo. Se tiene en cuen¬ 
ta a la mujer, sólo en sus funciones do¬ 
mésticas, a la sombra del hombre. Si se 
tiene en cuenta los comunicados emiti¬ 
dos en nuestro país a lo largo de más de 
una década, se advierte que fueron re¬ 
dactados por hombres para otros hom¬ 
bres, ignorando totalmente la imagen fe¬ 
menina. 

Cuando una mujer concreta, María 
Cristina Zabalkin de Roslik, salió a de¬ 
fender los derechos de su compañero 



preso, fue mirada en Montevideo.por 
las autoridades de turno, con una mez¬ 
cla de odio y miedo a la vez. 

El hecho de que esa mujer haya po¬ 
dido llevar a cabo ciertas reivindicacio¬ 
nes fue debido en gran parte a la ruptura 
de los esquemas machistas. Una mujer 


que ante un par de galones grita: “Si 
ustedes quieren que yo no hable de esto, 
mátenme ahora y aquí...“, asume el ca¬ 
rácter de mujer y madre universal y pue¬ 
de, como en nuestro caso, maniatar a 
todo un Estado Mayor. 

Cabe destacar que esta mujer, logró 
apoyarse, en una primera instancia, en I 
un grupo de mujeres, algunas de ellas, 
casi niñas, que unieron sus voces para I 
que el mundo se enterara de la injusticia 
cometida. Ellas fueron las que, mientras 
María Cristina Zabalkin de Roslik, 
reclamaba a gritos el cuerpo de su espo¬ 
so, en los propios locales del ejército, 
dieron el alerta en los medios de prensa e . 
Instituciones de Derechos Humanos, 
como un primer paso de una difusión a 
nivel nacional e internacional, de un 
hecho que fue el símbolo del resquebra¬ 
jamiento de la dictadura. '■ 

La imagen de este ser, desconcertó a ^ 
muchísima gente; no era la imagen de la ' 
viuda llorosa, no entraba en los cánones 
generales, donde las viudas lloran pasi¬ 
vamente, no luchan ni pelean activa¬ 
mente, ni cuestionan procesos ni culpa¬ 
bilidades. 

Si nuestra Constitución decía que 
“todo ciudadano es inocente hasta que 
se demuestre lo contrario”, la dictadura 
manejó dentro de nosotros un esquema 
de valores que significó: “Todo ciudada- ’ 
no puede ser culpable aunque se de¬ 
muestre lo contrario”. 

La sola presencia de esta mujer, en-^ | 
frentada a este valor absurdo, contradi-" 
ciándolo, neutralizándolo, fue capaz de 
abrir no pocas conciencias cerradas du¬ 
rante años, por una trama perfectamen¬ 
te estudiada, para lograr que la solidari¬ 
dad, la justicia y la dignidad, fuesen 
valores de otro planeta. 

Silvia Belbuzi 


Por una ley sobre Canasta Familiar 
al alcance del pueblo 

C UANDO las amigas de Cotidiano me pidieron una nota sobre la Canasta Familiar 
pensamos que para entonces el proyecto de ley habría sorteado la Cámara de Di¬ 
putados. Pero no fué así. Esto nos plantea dos cosas, una primera sobre la 
situación actual y otra sobre qué debemos hacer las mujeres. Luego de meses de poster¬ 
gación y de expectativa comenzó en julio la discusión del Proyecto de Ley sobre Cana:.ta 
Familiar presentado por el FA y el Partido Nacional en la Cámara de Diputados con la 
presencia en las barras de mujeres pertenecientes a distintas organizaciones. En su 
extenso y documentado informe, el miembro informante, el diputado J. P. Ciganda des¬ 
tacó las entrevistas que tuvieran con la Comisión de Hacienda la UMU y grupos de amas 
de casa. 

Como se recordará el proyecto crea las posibilidades de una rebaja sustancial de 
una serie de productos alimenticios que aseguren una alimentación con valores nutri¬ 
tivos básicos, rebaja de artículos de higiene y querosene indispensables en el hogar. 
Iniciada la discusión en la Cámara se realizaron extensos debates en varias sesiones con 
participación de legisladores de las distintas bancadas. Los representantes del Partido 
Colorado se oponen al Proyecto. Y como lo fuera ya en el tema del aumento a los jubila¬ 
dos, la política económica del gobierno ha sido centro de la discusión, pues al decir de un 
diputado: “sería difícil comprender la actual situación de crisis y de marginamiento de 
importantísimos sectores de la población, sin discutir la orientación económica del 
gobierno, responsable en gran medida de esa situación”. 

¿Podemos las mujeres sentirnos conformes con el tratamiento del proyecto? Este está 
en danza hace ya un año largo durante el cual siguió la espiral de aumentos. El Proyecto 
todavía no salió de la Cámara de Diputados, deberá luego ir al Senado y luego al Poder 
Ejecutivo. 

Hay una experiencia histórica insoslayable de ayer y de hoy: la movilización, la pre¬ 
sencia tenaz, tesonera de los sectores populares es indispensable para la conquista y 
defensa de sus derechos y de la democracia. Hoy tenemos el ejemplo fresco de los jubila¬ 
dos cuya constante, infatigable lucha logró se reconocieran sus derechos y percibir el 
aumento del 107.7% sobre sus pasividades sin exclusiones. 

Las mujeres que en forma tan directa sufrimos la carestía, la ausencia de una ley 
sobre canasta familiar debemos unirnos y ponernos de manera decidida al frente de este 
combate popular que es una manera de luchar por un salario real más eficiente, luchar 
contra la subalimentación —uno de cada tres niños que se atiende en Salud Pública está 
desnutrido—. Subalimentación que se extiende como una plaga maldita sobre millares 
de hogares debilitando las defensas orgánicas de sus integrantes, hipotecando el futuro 
saludable, la capacidad física y mental de los niños, es decir de los futuros constructores 
de nuestra Patria. 

La UMU desde estas páginas hermanas de Cotidiano invita a las organizaciones, a 
las mujeres en general a que coordinemos acciones por una ley sobre canasta familiar al 
alcance del pueblo. Unión de Mi^erci Uruguayai 


Curso de capacitación 

del GRECMU 


V EINTICUATRO mujeres pertene¬ 
cientes a distintos grupos organiza¬ 
dos de Montevideo y del Interior 
del país, participan de un Curso de Capa¬ 
citación que GRECMU (Grupo de Estu¬ 
dios sobre la Condición de la Mujer en el 
Uruguay) viene desarrollando desde el mes 
de junio. 

A partir de tres áreas temáticas, —la 
mujer en la historia, en la familia y en el 
trabajo—, dicho Grupo se plantea la dise¬ 
minación de los resultados de sus investi¬ 
gaciones sobre la situación de la mujer en 
el Uruguay, con el objetivo de compartirlos 
con otras mujeres y así “colectivizar” y re¬ 
producir esos conocimientos. 

El curso tiene una duración de tres me¬ 
ses con una sesión semanal y está subdivi- 
dido en tres módulos que corresponden a 
cada uno de los temas mencionados. 

La transmisión de los contenidos se rea¬ 
liza en base a una nueva propuesta meto¬ 
dológica que comprende docencia y ani¬ 
mación grupal. Se encara la docencia 
como una actividad que involucra a quien 
entrega y a quien recibe, en una dinámica 
ágil y participativa. y se busca a través de 
la animación, que las participantes pue¬ 
dan ir incorporando herramientas apro¬ 
piadas que les permitan retransmitir den¬ 
tro de sus grupos los conocimientos adqui¬ 
ridos. 

El uso de algunos materiales de apoyo 
(audiovisual, cartillas, papelógrafos.audio, 
etc.) complementan la dinámica de traba¬ 
jo, la que en forma abierta, también ha in¬ 


corporado otras actividades no previstas 
inicialmente. De esta manera, en una de 
las sesiones se contó con la presencia de j 
Gabriela Pischedda, encargada del trabajo 
con la mujer en CEAAL —Centro de Edu¬ 
cación de Adultos para América Latina— 
y especialista en metodologías de trabajo, 
quien compartió el trabajo de animación. 

También se instrumentaron ejercicios 
de relajamiento corporal, entre la prime 
y la segunda parte de cada sesión para in 
corporar otra dimensión en las activida¬ 
des, dimensión que las mujeres solemoí^ 
descuidar. Estos ejercicios se concretare^ 
gracias al aporte de los conocimien^ 
técnicos de una de las participantes. 

Para las integrantes del GRECMU ^ 
para las mujeres que participan, esta f 
periencia está resultando enriquecedora^ 
va que de lo que aquí se trata no es léio dc^ 
aprender sino también de conocernos a 
nosotras mismas. 

Cuando las mujeres nos reunimos, a pe¬ 
sar de las dificultades iniciales que nos tra¬ 
ban, logramos establecer una comunica¬ 
ción muy rápida al sentimos entre iguales. 
Las mujeres estamos tan carentes de ámbi¬ 
tos propios para nuestra realización, quc¡ 
basta que algo nos motive para que todo el I 
caudal creativo dormido en nosotras co¬ 
mience a surgir. 

Este curso nos está ayudando a recorrer 
nuevos caminos y así ir descubriendo nues¬ 
tras potencialidades reales. 

GRECMU